viernes, julio 03, 2009

Vuelta al ruedo


“En la tarde del domingo el Corazón de Jesús dio la vuelta al ruedo con los tres apéndices del triunfo”. No soy aficionado al arte taurino ni lo entiendo, pero el comentario que escuché me hace gracia. Es que este año la Procesión regresó a la Plaza Mayor y recorrió el perímetro recibiendo como años atrás el homenaje en nombre del Señor Cardenal Arzobispo y del Señor Alcalde Metropolitano de Lima. Al llegar a la Plaza Mayor se abrieron las puertas de Palacio de Gobierno y bajo el balcón presidencial una escolta de Húsares de Junín presentó lanzas a la imagen del Señor. Ninguno de los consultados recuerda un gesto igual, ni hay referencia escrita conocida.

No poseo información exacta sobre los años que se viene realizando la Procesión. Ciertamente por más de medio siglo, lo afirmo como testigo presencial. Los testimonios fotográficos me inducen a aumentar algunos más, aunque no muchos. Posiblemente sea 1955 la primera vez que salió en triunfo la Procesión.

Descarto los años 1949 a 1954. Recuerdo en mi niñez la avenida Arequipa cerrada al tránsito alrededor de la cuadra 31. En la Embajada de Colombia estaba asilado Víctor Raúl Haya de la Torre. Supongo que no era conveniente avivar antiguas heridas, abiertas por la controversia sobre la Consagración del Perú al Corazón de Jesús en el año 1923.

Explico para los más jóvenes. En el año 1836 la Diócesis de Chachapoyas fue consagrada al Corazón de Jesús y se le nombró patrono y protector. Los jesuitas regresaron al Perú en 1871 después de 104 años. Empezaron su apostolado en la Diócesis de Huánuco, promoviendo la devoción al Corazón de Jesús en la misma ciudad, y desde ahí la llevaron por la sierra central: Tarma, Jauja, Cerro de Pasco.

Una vez instalados en Lima, hubo jesuitas que se desplazaron por todo el Perú llevando el mensaje y la devoción. En 1881 fue consagrada la Diócesis de Arequipa y en 1887 la de Cusco. La ciudad de Huaraz fue consagrada al Corazón de Jesús en 1890. En Ica, Cajamarca, Huancayo, Trujillo, Yungay, Caraz, Cañete, Supe, Barranca, Pisco, Trujillo, Huancavelica, Callao, había centros del Apostolado de la Oración, movimiento que iba unido a la esencia de la devoción. Seminarios, Cabildos, Comunidades religiosas, se afiliaban a esta forma de espiritualidad y por supuesto, decenas de laicas y laicos.

En Lima hubo centros muy activos del movimiento en las parroquias de San Lázaro, Santa Ana, San Marcelo y la Victoria, aparte del de la Iglesia de San Pedro. Corrían los años 20. Don Augusto B. Leguía era presidente de la República. La Sociedad de Caballeros del Sagrado Corazón de la Parroquia de San Lázaro tuvo la peregrina idea de incorporarlo como miembro. Él no solamente aceptó, sino que se convirtió en su benefactor. Muchos caballeros pidieron entonces su ingreso, no precisamente por devoción, sino por motivación obvia, que desdecía de los fines de la Sociedad que era de carácter religioso.

El arzobispo de Lima, monseñor Emilio Lissón, santo y devoto varón, quiso en 1923 que el Perú fuera consagrado al Corazón de Jesús, como se había hecho en tantas ciudades del Perú y en otros países. Dicho rito devocional estaría a cargo del presidente, es decir, de Leguía. Craso error. La oposición política se valió de esa circunstancia para manifestarse en contra del gobierno, y de paso en contra de la Iglesia, a favor de la separación Iglesia - Estado, el divorcio y un paquete amplio de demandas. El líder del movimiento era el joven Haya de la Torre. Los manifestantes salieron de San Marcos y en la esquina de Huérfanos tuvieron un enfrentamiento con la policía. Unos dicen que murió un tranviario que por ahí pasaba. Otros hacen referencia también a un estudiante universitario. Los menos hablan de varios policías muertos.

En la mitología urbana de la Lima siempre chismosa, siempre pacata, quedó flotando la saga. Treinta años después de la asonada del relato, durante el Congreso Eucarístico Nacional de 1954, el presidente Manuel A. Odría leyó públicamente la Consagración del Perú al Corazón de Jesús y nada ocurrió. Posiblemente fue al año siguiente que decidieron sacar por primera vez la hermosa imagen de Cristo mostrando su corazón, tallada en París a principio de siglo.

martes, junio 23, 2009

Elogio del Coragyps atratus foetens



Este post va dedicado a quien lleva un nombre que suena casi a título nobiliario. Es el nombre científico del zopilote, chulo, aura, jote, zamuro o gallinazo. Llevados de prejuicios, muchos(as) lo asquean y son pocos los que reconocen su valor. En la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la naturaleza (IUCN) ya aparece en la categoría “preocupación menor” respecto a su probable desaparición.

Mediada la década del sesenta, mi amigo Gino Peirano regresaba al Perú a bordo de una motonave italiana tras dos años de inserción en la cultura española. Con 14 días de no ver más que mar Atlántico, divisó unos plumíferos negros; contaba que entonces se sintió de vuelta a casa. No eran aquellos propiamente los gallinazos cisandinos que vemos volar cada día en Lima, sino sus parientes trasandinos (Coragyps atratus brasiliensis ), seguramente más alegres por el ritmo de zamba y las blancas arenas de Ipanema. Distintos, pero de similares costumbres dietarias y de crianza que no vienen al caso.

El escudo de Lima está ornado por águilas. Más bien debería llevar su ave emblemática. El famoso cuadro de Rugendas no sería lo mismo sin sus gallinazos al lado de la acequia. Lima tampoco sería la misma sin sus emplumadas habitantes planeando sobre su paisaje. El servicio de baja policía entonces era alado; ahora es paquidérmico. Todas las noches me dejan cerros de basura en la puerta de mi casa. De inmediato llegan los gallinazos sin plumas; eficaces, selectivos, ordenados, son empresarios del nuevo Perú que tienen más ojo y menos nariz que los que solo aspiran a tener una 4x4. Mis amigos buceros, recicladores, abrómicos de la Lima del siglo XXI, que llegarán (por qué no) como otros en tiempos antiguos, a hacer imperios económicos.

Si hablamos de gallos y gallinas, de patos y de patas, ¿por qué no de gallinazas? Hay gallera, patera, luego gallinacera. No como la Gallinacera de Piura en disputa con el Barrio Norte. Gallinacera sería el lugar donde se cría gallinazos/as para industrializar sus huevos. ¡Qué ajco! Dirán limeños. ¡Qué asco! Si no limeños. ¿Quién va a comer un pan con huevo frito de esa laya? Y no se referirían al tamaño, que tendría que ser con pan campesino. Pues bien, un jesuita italiano, el hermano María, hizo su gallinacera en las afueras de la ciudad (parece que en San Borja) donde administraba una calera para producir la cal destinada a la construcción de mi iglesia.

Vayamos por partes. Para estabilizar los muros de iglesias y puentes, muchas veces se les dio una estructura interna con elementos como ladrillos, adobes, argamasa de barro y morteros de calicanto, o sea de canto rodado, arena lavada y cal. A esta argamasa se le agregaba los huevos, o la clara según algunos. Lo que en ciertos lugares del mundo se hizo a base de huevos de gallina, entre nosotros fue con huevos de ave guanera. La originalidad absoluta en las paredes de la iglesia de San Pablo es que para la argamasa se utilizó los enormes huevos de gallinaza.

Para que tengan una vaga idea, les ofrezco la fotografía que tomé esta mañana en el techo de la iglesia.

Quizá califiquen la maternidad gallinácea como horrible, pero debo defender la especie, sabio producto de la naturaleza. El cuello pelado es para mantener incontaminado el plumaje. Los huevos moteados para efecto de mimetización. Pero algo más, que dejo a consideración de los investigadores de las ciencias de la salud: la familia de los gallinazos es de los catártidos (cathartidae), palabra que viene de catarsis, que significa purificación. Eso quiere decir que a estos bichos no les da gripe A1H1, y que tienen un sistema inmunológico desconocido.

Brindo por los centenares de gallinazos que dieron su aporte a la construcción de este monumento religioso, histórico y cultural del que soy responsable. Reniego de los iresponsables gallinazos que buscan la carroña para su satisfacción personal.

domingo, junio 21, 2009

Ursulinen Kinder



Cuando las circunstancias históricas de la Iglesia redujeron a la vida conventual a las compañeras y seguidoras de Ángela de Mérici, la Iglesia perdió. El estilo de vida religiosa en medio de la sociedad que había ideado, era un desafío a las costumbres de la época. Las ursulinas tenían en su fundadora a una mujer que había recorrido el mundo y conocía bien la sociedad. No quería ser monja, ni que sus compañeras lo fueran. O más bien quería que fueran unas “monjas en medio del mundo”. Es decir sin convento, sin misión específica, sirviendo, orando por las necesidades del mundo. No por gusto o devoción el Papa Médici Clemente VII la quiso como reformadora en Roma, aunque ella siguiera sabiamente su camino a Brescia, lejos del poder y sus engorros. Son indudables las semejanzas con Ignacio de Loyola. La ventaja de este fue el ser varón.

Ángela había asumido como patrona a Santa Úrsula y sus compañeras. ¿Por qué? Por el sentido de resistencia del histórico y a la vez mítico grupo de mujeres. Úrsula representa a la mujer que no se deja doblegar, que no teme enfrentar el peligro (entra al mar) y aunque encuentre mayores dificultades (nada menos que Atila), no se deja vencer aun a riesgo de su vida. No son pocas las mujeres fuertes como Úrsula, son tantas que se pierde el número en la imagen de las tan mentadas “11,000 vírgenes”.

Úrsula es del siglo XVI; en el siglo XIII la Sorbona la tomó como patrona; en el siglo IX se había descubierto en Colonia la historia de su martirio; algún momento del siglo VI fue su época concreta.

La historia magnífica de Úrsula se traduce en historia legendaria. Por eso se tomaron restos del cementerio de Colonia y fueron trasladados como reliquias a Roma. De Roma fueron traídos al Perú a mediados del siglo XVII. Por eso las dos cabezas y la tibia de las Compañeras de Santa Úrsula que reposan en el altar de las reliquias de San Pedro de Lima, no son solo la extensión de una tradición, sino parte del tesoro inapreciable de la Iglesia construida con el aporte testimonial de muchas mujeres de ayer y de hoy.


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Valga este post como respuesta a las preguntas que me han hecho las Ursulinen Kinder sobre las reliquias mencionadas. Para ellas, con todo mi cariño.

jueves, junio 18, 2009

El órgano mudo

El coro de la iglesia de San Pedro tiene resonancias musicales y afectivas personales. Recuerdo haber cantado aquí más de 50 años atrás. El maestro Edgardo Egaddi (1) había probado las voces blancas y me seleccionó para el coro del Colegio de la Inmaculada como tiple segundo. Posiblemente fue para la fiesta del Sagrado Corazón que nos trajeron a cantar. Primera vez que veía un órgano de tubos. Si era hermoso cantar con el órgano electrónico al que estaba acostumbrado, me fascinó la resonancia de lo que para mi era una nueva música. El lirismo de nuestros cantos religiosos, con la dirección del maestro Egaddi y la interpretación del organista señor Boza, unía voces juveniles y blancas y adquiría tonalidades y colores distintos. Recuerdo sobre todo el final con la Toccata y Fuga en re menor de J. S. Bach interpretada por Claudio Ramírez Alzadora. Los coreutas (me suena tan mal lo de corista, a pesar de la bella película de C. Barratier) mirábamos embobados al organista; en la nave de la iglesia, los fieles, inmóviles, estaban volteados hacia el coro. No se si ángeles o demonios, o ambos en combate, insuflaban los metales haciendo de la música luz deslumbrante.

Volví años después, ya jesuita, para cantar la Misa Pastorella, dirigida por el padre Martín Urrutia, con el acompañamiento de la señora Leonor Avendaño. Sentí entonces que llegaba a un lugar conocido. Es que cantar desde un escenario o un coro tiene la magia de darte algún tipo de posesión sobre el lugar. El espacio donde has hecho música vocal ha sido recreado personalmente y nunca será igual, aunque para los demás no sea más que un teatro o un templo más. Quizá sea por eso que cuando hace poco más de un año entré a tomar posesión de esta sede parroquial, me sentí en un espacio tan mío aunque nunca hubiera presidido en él una Eucaristía.

No es que desvaríe. Me apena que nuestro órgano de tubos construido por el organero Juan Dourte, de la hoy inexistente “Gran fábrica de órganos de iglesia, salón y concierto Nuestra Señora de Begoña”, Bilbao – España, fechado en 1927, esté callado bastante más de 20 años. No tiene antigüedad como para que se interesen los restauradores, ni valor histórico excepcional. Inclusive se le puede culpar de que para él se malograra la entrada a la iglesia con un abominable volumen intruso. Así lo dice el padre Rubén Vargas: “Sobre todo el coro del fondo de la iglesia, cubriendo en gran parte el testero todo tallado que a uno y otro lado de la entrada hermoseaba su acceso, afeando la perspectiva de la nave central con las vigas de hierro que hubo que colocar entre las primeras pilastras para tender el piso. Aunque luego se trató de disimular su aspecto, susbsistieron los defectos anotados”. Sin embargo, hoy no se puede quitar el coro, ni regalar el órgano, y mucho menos alegar puridad de estilo cuando la iglesia sufrió un siglo de incuria. Además, sería hermoso volver a escuchar ese órgano.

En la iglesia del Espíritu Santo de Madrid – España se instaló en 1990 un órgano del organero Juan Dourte, similar aunque diez años menor que el de San Pedro de Lima, de propiedad del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. En 1986 el doctor Miguel Romera, científico titular de dicho Consejo, había hecho sonar sin organista dicho órgano, invento patentado en España (3). No es descabellado, pues, pensar de otra manera en el órgano de tubos de San Pedro. La mejor referencia para entender que se puede recrear, es el Gran Órgano construido en 1979 por el organero Ronald Sharp para el para el Concert Hall del Sydney Opera House – Australia (4).

Tal vez también sean sueños; pero son posibles. Sería un proyecto interesante para experimentar en acústica, electrónica y música. Cualquier buena idea al respecto, es fácil comunicarse conmigo. Mientras tanto, mi tarea es seguir con el proyecto de renovación de San Pedro para lanzarlo al mundo en el año 2018. Pero esto será tema de otro post.

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(1) Edgardo Egaddi. (Parma 11.7.1925 – 21.3.2000). Director de coro. En su extensa actividad musical, vivió ocho años en el Perú (1952-1960) donde fue director de la Masa Coral del Conservatorio Nacional de Música.

(2) http://www.iec.csic.es/~miguel/Organo1.html

(3) P. 8901370 (1990).

(4) http://www.ohta.org.au/confs/Sydney/GRANDORGAN.html

jueves, junio 11, 2009

El tesoro de los jesuitas


Cuatro años atrás la Com­pañía de Jesús había llegado al Perú. El rector de la Penitenciaría de la Basílica de San Pedro, en Roma, era el jesuita padre Hernando Solier. A solicitud suya, el 13 de Junio de 1572, el Papa Gregorio XIII expidió un curioso Breve. El citado padre tenía carta blanca para obtener las reliquias que considerara oportuno, tanto de iglesias y monasterios de Roma, como de cualquiera otra parte. La orden y condición era para que las reliquias fueran trasladadas para su veneración “a las Provin­cias Occidentales”.

Los padres de la Compañía de Jesús aprovecharon bien esta extraordinaria concesión del Sumo Pontífice. Hicieron de la iglesia de San Pablo de Lima un relicario para venerar y conservar la memoria de los mártires como muy pocos debe haber en el mundo. A lo largo de los años tra­jeron las reliquias hoy existentes y “además otros doce cuer­pos santos y cuatro reliquias insignes que por los trastornos de los tiempos han desaparecido”.

Los antiguos jesuitas apreciaban la riqueza de lo que guardaban, ese era su auténtico tesoro, más que las imágenes en lienzo y bulto. La Iglesia de los primeros siglos había sido construida con el testimonio extremo de multitud de mujeres y hombres de fe. Otros testimonios conocían los jesuitas: el de sus hermanos que por el Evangelio habían y estaban dando su vida en lugares distintos del mundo. Ellos mismos podían ocupar un sitio similar. Por eso decidieron labrar un costoso retablo en donde pudieran ser colocados cómodamente los cofres de los venerables restos.

El retablo de las reliquias, situado en el crucero de la iglesia, es de estilo renacentista con elementos platerescos. Tiene tres cuerpos y está adornado de ángeles tallados y jarrones. En el nicho central hay un grupo escultórico de la Sagrada Familia, buenas tallas que requieren ser descubiertas en su factura original. En el nicho superior está la imagen del Ángel de la Guarda protegiendo a un niño, de factura excelente y única, atribuida al diseño y realización de los hermanos jesuitas Bernardo Bitti y Pedro de Vargas respectivamente, aunque me quedo con la primera opción. En el remate, una corona calada flanqueada por dos ángeles, y una figura de paloma desubicada, que reemplazó la palabra CREO, proclamación del motivo fundamental del martirio y sentido actual del monumento funerario. Las cajas de madera con las reliquias están depositadas en hornacinas cubiertas hoy de vidrio.

Muchos creen que por ser diferente a los demás retablos barrocos, la factura es posterior. No es así, documentos de la época lo fechan mediado el siglo XVII. Costó veinte mil pesos y fue en la Solemnidad de Todos los Santos, 1 de noviembre de 1661, que se bendijo con tres días previos de celebración y solemne procesión en el mismo día.

En el fatídico año del extrañamiento, 1767, la rapacidad y angurria de los ejecutores de la orden de Carlos III no miró en detalles devocionales. Iban “a por el oro y la plata”, con lo que se llevaron los relicarios que contenían los santos despojos, dejando un desorden que nunca se llegó a componer del todo.

Cuando explico estas cosas a un grupo, suele haber algún homónimo. Por eso les paso los nombres de los santos mártires cuyas reliquias están en la iglesia de San Pedro de Lima:

Compañeras de Sta. Úr­sula - 5 Stos. Coronados - Mártires Tebeos - 8 Stos. Coronados - Stos. Venerandos

Agapito - Antonino - Antonino - Antonio - Aretuza - Aretuza - Armando - Aurelio

Basilia - Benigno - Bibiana

Calístrato - Cándida - Celerina - Ciriaca - Ciríaco - Crecencio - Cristina - Cuarto

Electa - Electo - Estacteo - Eugenio - Eutiquiano - Evagrio - Exuperancia

Feliciano - Felicísimo - Félix - Félix Senador

Gaudencio - Germánico - Gordiano - Graciano

Herculano, soldado - Hipólito - Honorato

Ireneo

Jacinto - Joaquín Xindem - Justo

Lelio - Liberato - Lucio

Marcelino - Martín - Mauricio - Mercurio

Nicomedes

Partemio - Ponciano - Porciano - Primo - Prisciano

Secundino - Segunda - Segundo – Selio - Septimia - Sergio - Severino - Silvano

Teodoro - Tercio - Timoteo - Tito Diácono

Urso

Valentino - Valeriano - Veneranda - Venerando - Víctor - Víctor Primo - Víctor Segundo - Víctor Tercio - Victoria - Victorino - Vidal

Zenón

lunes, junio 01, 2009

María Angola y La Abuelita


“Estábamos juntos; recordando yo las descripciones que en los viajes hizo mi padre, del Cuzco. Oí entonces un canto.

La María Angola!- le dije.

-Sí. Quédate quieto. Son las nueve. En la pampa de Anta, a cinco leguas se le oye. Los viajeros se detienen y se persignan. La tierra debía convertirse en oro en ese instante; yo también, no sólo los muros y la ciudad, las torres, el atrio y las fachadas que había visto.

La voz de la campana resurgía. Y me pareció ver, frente a mi, la imagen de mis protectores, los alcaldes indios: don Maywa y don Víctor Pusa, rezando arrodillados delante de la fachada de la iglesia de adobes, blanqueada, de mi aldea, mientras la luz del crepúsculo no resplandecía sino cantaba. En los molles, las águilas, los wamanchas tan temidos por carnívoros, elevaban la cabeza, bebían la luz ahogándose.” (José María Arguedas)

María Angola de Cuzco… «A su canto triste salen del agua toros de fuego, o de oro, arrastrando cadenas». Es voz del centro del mundo que transforma los antiguos amarus de los lagos andinos.

Obra del fundidor Diego Arias De la Cerda, fechada en 1655, es la Campana Mayor de la Catedral del Cuzco, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora. Pesa seis toneladas de bronce y estaño. Fue fabricada en las proporciones exactas para que además de sus grandes dimensiones, la sonoridad fuera maravillosa, la mejor de Sudamérica. Su bronco resonar, debido a que el bronce se quebró, fue llevado al silencio por los sismos de 1950, 1986 y 1991.

La llamada María Angola Menor está en Pampamarca, Apurímac. Azángaro, Puno, también tiene su émulo, la María Asunta. San José de los Chorrillos en Huarochirí candidatea así mismo con su María Angola. Lo mismo que Chayamuray, en Chumbivilcas, Cuzco.

 

En Octubre de 2006, en el blog Harun al Rashid , el señor Siabala reclamaba que en Lima ya no suenan las campanas. Pero hemos vuelto, en San Pedro, a dar las horas, a tocar el Angelus. Veremos cuánto tiempo tarda la Municipalidad en llamarnos la atención por hacer ruidos molestos. Mientras tanto, seguiremos alegrando a nuestro barrio comercial tan venido a menos, como decía el padre Antonio Capel, transmitiendo “llamadas y respuestas íntimas entre el cielo y la tierra”.

 

La más antigua de las campanas, la decana de toda Lima, tiene dos sobrenombres que se van perdiendo en el tiempo. Todos los limeños viejos sabían que le decían “La Abuelita” o “La Vieja”. Pero tiene nombre propio, y lo lleva esculpido al dorso: JESÚS. Dobló en el entierro de Santa Rosa, y en el de San Martín de Porres. También anunció tristezas y alegrías en la Lima colonial y en la republicana.

 

El hermano jesuita Pedro Suárez, fundidor de oficio, maestro campanero, en 1666 hizo “La Grande». Después de la Cantabria de la Basílica Catedral, es la mayor de Lima; pero la supera en sonido. Tiene bellas grecas talladas, cruces y cuatro medallones grandes con las efigies de la Inmaculada, san Francisco de Borja, san Miguel y una Custodia, entre dos ángeles. Alrededor lleva la inscripción: “Alabado sea el Santísimo Sacramento y María concebida sin pecado original”. Mide dos metros cuarenta y dos centímetros de diámetro en boca. Si la tradición dice que la María Angola se escuchaba en la pampa de Anta o hasta Urcos, ciertamente la Grande se podía escuchar en Chorrillos. Claro que hablamos de otra época, cuando la urbanización no había hecho estragos.

 

Y para terminar, las otras campanas son: “San Javier” fundida en 1722, “San Ignacio” en 1753 y “Virgen de Loreto” en 1755; esta última marca las horas, es la segunda en sonoridad y me despierta cada mañana.

martes, mayo 26, 2009

Retorno desde las catacumbas

No tengo duda de que hay una moda de querer relegar a la Iglesia a la sacristía. Tiene visos de modernidad, de estar en la cresta de la ola, de menosprecio a las instituciones tradicionales, cuando no de agnosticismo o ateismo. Hay una cierta insistencia periodística y política en los errores de personas concretas, en no querer que la Iglesia, sus representantes o sus miembros tengan puntos de vista y se pronuncien sobre temas que interesan a la sociedad, al mundo, desde la reflexión de fe.

 

Pero una Iglesia callada es una Iglesia muerta; la Palabra nos hace libres y manifiesta nuestra vitalidad. La Iglesia está viva, tiene no algo, sino mucho que decir. La Iglesia habló, habla y seguirá sin enmudecer. Así ha sido en tiempo de las primeras comunidades, y la consecuencia fue que desde el primer momento hubiera testigos que daban testimonio con su propia vida. Porque tenían no algo sino mucho que decir, fueron de pueblo en pueblo a lo largo de los siglos y sabemos que será así hasta el final de los tiempos.

 

La Palabra tiene que ser adecuada, oportuna, persistente. La Palabra tiene que ser caritativa, respetuosa, tolerante. Hoy, para que la Iglesia y sus miembros (es decir: todos los bautizados y no solo la jerarquía eclesiática) hablen, tienen que valerse de signos inteligibles, eficaces en la comunicación. Por eso la presencia en el ciberespacio, en la blogosfera, Faceboow, Hi5, Twitter. Por eso las agencias de comunicación católicas, cada una con sus respectivos matices, pero al servicio de la misma fe y la misma Iglesia, que aunque tenga un mismo fundamento, no es monolítica.

 

Mi silencio no ha sido para reconstruir la página, sino la línea de lo que quiero comunicar. Ha sido un retiro (sí, retiro) voluntario y también la ocasión de hacer un corte con el producto escrito, fruto siempre de las circunstancias. Entregué a mis amigos parte de mis aprendizajes y reflexiones. Ahora retorno recargado, pero no para entregarles algo cualitativamente distinto. Hay una palabra que esperan tener mis amigos, no los voy a defraudar. A veces comunico información, otras intento comunicar alegría, esperanza, sorpresa. Esa es la vida, hecha de simplicidades en la vida diaria. De eso se trató en mi blog, aunque algunos post fueran “medio herméticos”. De eso seguiré tratando.

 

Gracias a todos los amigos y amigas que me han animado al retorno, especialmente a Víctor Casallo que con su artículo en la página de la Pontificia Universidad Católica me ha dado el empujón para que diga: aquí estoy de regreso, desde las catacumbas de San Pedro.