
Cuatro años atrás la Compañía de Jesús había llegado al Perú. El rector de la Penitenciaría de la Basílica de San Pedro, en Roma, era el jesuita padre Hernando Solier. A solicitud suya, el 13 de Junio de 1572, el Papa Gregorio XIII expidió un curioso Breve. El citado padre tenía carta blanca para obtener las reliquias que considerara oportuno, tanto de iglesias y monasterios de Roma, como de cualquiera otra parte. La orden y condición era para que las reliquias fueran trasladadas para su veneración “a las Provincias Occidentales”.
Los padres de la Compañía de Jesús aprovecharon bien esta extraordinaria concesión del Sumo Pontífice. Hicieron de la iglesia de San Pablo de Lima un relicario para venerar y conservar la memoria de los mártires como muy pocos debe haber en el mundo. A lo largo de los años trajeron las reliquias hoy existentes y “además otros doce cuerpos santos y cuatro reliquias insignes que por los trastornos de los tiempos han desaparecido”.
Los antiguos jesuitas apreciaban la riqueza de lo que guardaban, ese era su auténtico tesoro, más que las imágenes en lienzo y bulto. La Iglesia de los primeros siglos había sido construida con el testimonio extremo de multitud de mujeres y hombres de fe. Otros testimonios conocían los jesuitas: el de sus hermanos que por el Evangelio habían y estaban dando su vida en lugares distintos del mundo. Ellos mismos podían ocupar un sitio similar. Por eso decidieron labrar un costoso retablo en donde pudieran ser colocados cómodamente los cofres de los venerables restos.
El retablo de las reliquias, situado en el crucero de la iglesia, es de estilo renacentista con elementos platerescos. Tiene tres cuerpos y está adornado de ángeles tallados y jarrones. En el nicho central hay un grupo escultórico de la Sagrada Familia, buenas tallas que requieren ser descubiertas en su factura original. En el nicho superior está la imagen del Ángel de la Guarda protegiendo a un niño, de factura excelente y única, atribuida al diseño y realización de los hermanos jesuitas Bernardo Bitti y Pedro de Vargas respectivamente, aunque me quedo con la primera opción. En el remate, una corona calada flanqueada por dos ángeles, y una figura de paloma desubicada, que reemplazó la palabra CREO, proclamación del motivo fundamental del martirio y sentido actual del monumento funerario. Las cajas de madera con las reliquias están depositadas en hornacinas cubiertas hoy de vidrio.
Muchos creen que por ser diferente a los demás retablos barrocos, la factura es posterior. No es así, documentos de la época lo fechan mediado el siglo XVII. Costó veinte mil pesos y fue en la Solemnidad de Todos los Santos, 1 de noviembre de 1661, que se bendijo con tres días previos de celebración y solemne procesión en el mismo día.
En el fatídico año del extrañamiento, 1767, la rapacidad y angurria de los ejecutores de la orden de Carlos III no miró en detalles devocionales. Iban “a por el oro y la plata”, con lo que se llevaron los relicarios que contenían los santos despojos, dejando un desorden que nunca se llegó a componer del todo.
Cuando explico estas cosas a un grupo, suele haber algún homónimo. Por eso les paso los nombres de los santos mártires cuyas reliquias están en la iglesia de San Pedro de Lima:
Compañeras de Sta. Úrsula - 5 Stos. Coronados - Mártires Tebeos - 8 Stos. Coronados - Stos. Venerandos
Agapito - Antonino - Antonino - Antonio - Aretuza - Aretuza - Armando - Aurelio
Basilia - Benigno - Bibiana
Calístrato - Cándida - Celerina - Ciriaca - Ciríaco - Crecencio - Cristina - Cuarto
Electa - Electo - Estacteo - Eugenio - Eutiquiano - Evagrio - Exuperancia
Feliciano - Felicísimo - Félix - Félix Senador
Gaudencio - Germánico - Gordiano - Graciano
Herculano, soldado - Hipólito - Honorato
Ireneo
Jacinto - Joaquín Xindem - Justo
Lelio - Liberato - Lucio
Marcelino - Martín - Mauricio - Mercurio
Nicomedes
Partemio - Ponciano - Porciano - Primo - Prisciano
Secundino - Segunda - Segundo – Selio - Septimia - Sergio - Severino - Silvano
Teodoro - Tercio - Timoteo - Tito Diácono
Urso
Valentino - Valeriano - Veneranda - Venerando - Víctor - Víctor Primo - Víctor Segundo - Víctor Tercio - Victoria - Victorino - Vidal
Zenón
2 comentarios:
Hola, Enrique: Interesante tu último post. Uno no sabe que se puede encontrar en un lugar como la Iglesis de San Pedro... Estaba pensando, a propósito de lo que escribiste, que esto de los mártires de los primeros siglos de la Iglesia es una suerte así como del soldado desconocido. No son los santos "de talla", más conocidos y "famosos". Es cierto que el Santoral, cada vez más en desuso ha hecho populares algunos de los nombres, pero no será por mucho tiempo más (no he sabido ya de muchos Justos, Hipólitos o Poncianos). Pero, como en otras facetas de la vidas, son estos héroes más anónimos los que necesitamos. Tantos y tantas maestras, por ejemplo, en escuelas rurales alejadas; tantos promotores de salud, empleados de oficina, obreros de construcción. Si hacen bien su trabajo, el país, la comunidad, la organización o la escuela avanza, aunque los créditos y los flashes vayan para otros. Como dices, los que saquearon las sacristías y retablos en 1767 buscaban los "tesoros de los jesuitas". No supieron ver que los verdaderos tesoros no eran el oro y la plata sino son los hombres y mujeres justos, que viven para los demás...
Saludos
Fernando
Hola Josenrique
es muy agradable leerte. Has encontrado un modo de hacer explícita una conexión entre tradición y actualidad que logra hacer vívida la presencia de Jesús. Un Jesús que no se desentiende de la vida cotidiana. Un Jesús con historia y sin embargo sin quedar preso de las historias...
Gracias
Negro
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