Este post va dedicado a quien lleva un nombre que suena casi a título nobiliario. Es el nombre científico del zopilote, chulo, aura, jote, zamuro o gallinazo. Llevados de prejuicios, muchos(as) lo asquean y son pocos los que reconocen su valor. En
Mediada la década del sesenta, mi amigo Gino Peirano regresaba al Perú a bordo de una motonave italiana tras dos años de inserción en la cultura española. Con 14 días de no ver más que mar Atlántico, divisó unos plumíferos negros; contaba que entonces se sintió de vuelta a casa. No eran aquellos propiamente los gallinazos cisandinos que vemos volar cada día en Lima, sino sus parientes trasandinos (Coragyps atratus brasiliensis ), seguramente más alegres por el ritmo de zamba y las blancas arenas de Ipanema. Distintos, pero de similares costumbres dietarias y de crianza que no vienen al caso.
El escudo de Lima está ornado por águilas. Más bien debería llevar su ave emblemática. El famoso cuadro de Rugendas no sería lo mismo sin sus gallinazos al lado de la acequia. Lima tampoco sería la misma sin sus emplumadas habitantes planeando sobre su paisaje. El servicio de baja policía entonces era alado; ahora es paquidérmico. Todas las noches me dejan cerros de basura en la puerta de mi casa. De inmediato llegan los gallinazos sin plumas; eficaces, selectivos, ordenados, son empresarios del nuevo Perú que tienen más ojo y menos nariz que los que solo aspiran a tener una 4x4. Mis amigos buceros, recicladores, abrómicos de
Si hablamos de gallos y gallinas, de patos y de patas, ¿por qué no de gallinazas? Hay gallera, patera, luego gallinacera. No como
Vayamos por partes. Para estabilizar los muros de iglesias y puentes, muchas veces se les dio una estructura interna con elementos como ladrillos, adobes, argamasa de barro y morteros de calicanto, o sea de canto rodado, arena lavada y cal. A esta argamasa se le agregaba los huevos, o la clara según algunos. Lo que en ciertos lugares del mundo se hizo a base de huevos de gallina, entre nosotros fue con huevos de ave guanera. La originalidad absoluta en las paredes de la iglesia de San Pablo es que para la argamasa se utilizó los enormes huevos de gallinaza.
Para que tengan una vaga idea, les ofrezco la fotografía que tomé esta mañana en el techo de la iglesia.
Quizá califiquen la maternidad gallinácea como horrible, pero debo defender la especie, sabio producto de la naturaleza. El cuello pelado es para mantener incontaminado el plumaje. Los huevos moteados para efecto de mimetización. Pero algo más, que dejo a consideración de los investigadores de las ciencias de la salud: la familia de los gallinazos es de los catártidos (cathartidae), palabra que viene de catarsis, que significa purificación. Eso quiere decir que a estos bichos no les da gripe A1H1, y que tienen un sistema inmunológico desconocido.
Brindo por los centenares de gallinazos que dieron su aporte a la construcción de este monumento religioso, histórico y cultural del que soy responsable. Reniego de los iresponsables gallinazos que buscan la carroña para su satisfacción personal.
3 comentarios:
Padre Enrique:
Claro, para quienes pintamos canas, Lima sin gallinazos no era auténtica. Pues si, en los años de su crónica, desde mi ventana en la calle Las Cruces, me resul-taban familiares esas negras aves, de eterno luto, posadas en los planos techos fronterizos donde abundaban orientas ventanas teatinas, aves de mirada fija y actitud cancina; pues por entonces, la ciudad capital, con mucho menos población y auténtica regularidad en los servicios de limpieza pública - que se anunciaban con agudos golpes de metal- contaba, además, con estos activos diligentes peones ad honorem que limpiaban de basura colecticia techos, muladares y callejones. Muchas veces compactos grupos batiendo alas disputaban golosos de algún importante hallazgo… es decir, su bien narrada crónica contagia y mueve a la nostalgia, no por alguna propensión a esos espontáneos basureros, sino que para entonces, los 40/50s, Lima sin gallinazos no era Lima.
Si a esto añadimos aquello de la liga de la argamasa, formada con la yema de los huevos de azores o gallinazos, que se usó para la fábrica del hermoso templo de San Pedro, su importancia resulta legendaria.
Fraternalmente,
Luis Siabala
Enrique, como siempre, gracias.
Información interesante y significativa con una mirada que (re)valora nuestro día a día. Ni qué decir de tu pluma literaria...
Un abrazo,
Víctor
Muy buen post.
Marco Antonio Vásquez
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