
No tengo duda de que hay una moda de querer relegar a la Iglesia a la sacristía. Tiene visos de modernidad, de estar en la cresta de la ola, de menosprecio a las instituciones tradicionales, cuando no de agnosticismo o ateismo. Hay una cierta insistencia periodística y política en los errores de personas concretas, en no querer que la Iglesia, sus representantes o sus miembros tengan puntos de vista y se pronuncien sobre temas que interesan a la sociedad, al mundo, desde la reflexión de fe.
Pero una Iglesia callada es una Iglesia muerta; la Palabra nos hace libres y manifiesta nuestra vitalidad. La Iglesia está viva, tiene no algo, sino mucho que decir. La Iglesia habló, habla y seguirá sin enmudecer. Así ha sido en tiempo de las primeras comunidades, y la consecuencia fue que desde el primer momento hubiera testigos que daban testimonio con su propia vida. Porque tenían no algo sino mucho que decir, fueron de pueblo en pueblo a lo largo de los siglos y sabemos que será así hasta el final de los tiempos.
La Palabra tiene que ser adecuada, oportuna, persistente. La Palabra tiene que ser caritativa, respetuosa, tolerante. Hoy, para que la Iglesia y sus miembros (es decir: todos los bautizados y no solo la jerarquía eclesiática) hablen, tienen que valerse de signos inteligibles, eficaces en la comunicación. Por eso la presencia en el ciberespacio, en la blogosfera, Faceboow, Hi5, Twitter. Por eso las agencias de comunicación católicas, cada una con sus respectivos matices, pero al servicio de la misma fe y la misma Iglesia, que aunque tenga un mismo fundamento, no es monolítica.
Mi silencio no ha sido para reconstruir la página, sino la línea de lo que quiero comunicar. Ha sido un retiro (sí, retiro) voluntario y también la ocasión de hacer un corte con el producto escrito, fruto siempre de las circunstancias. Entregué a mis amigos parte de mis aprendizajes y reflexiones. Ahora retorno recargado, pero no para entregarles algo cualitativamente distinto. Hay una palabra que esperan tener mis amigos, no los voy a defraudar. A veces comunico información, otras intento comunicar alegría, esperanza, sorpresa. Esa es la vida, hecha de simplicidades en la vida diaria. De eso se trató en mi blog, aunque algunos post fueran “medio herméticos”. De eso seguiré tratando.
Gracias a todos los amigos y amigas que me han animado al retorno, especialmente a Víctor Casallo que con su artículo en la página de la Pontificia Universidad Católica me ha dado el empujón para que diga: aquí estoy de regreso, desde las catacumbas de San Pedro.